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SOCIEDAD  •  27-9-2004

El Síndrome de Werther
Ángel Burbano

La Organización mundial de la Salud (OMS) por fin ha colocado al suicidio humano como uno de los grandes problemas de la sociedad. Entre otras cosas ya nos hemos dado cuenta de que la mortandad de este género es de las principales causas de fallecimiento en el mundo.

A finales del siglo XVIII un escritor incipiente llamado Johann Wolfgang Goethe publicó con tan solo 25 años una novela considerada clásica en la literatura alemana. "Las penas del joven Werther" fue un superventas de la época. En ella se contaba una historia de amor imposible. Los preceptos morales que se desprendían de esta obra fueron el atisbo de salida para el romanticismo. O lo que es lo mismo, el fin de la Razón (Neoclasicismo) del siglo XVIII y el nacimiento del Romanticismo. Sin embargo la sociedad de entonces se llevó las manos a la cabeza. Por toda Europa los adolescentes (y no tanto) comenzaron a suicidarse. El protagonista de la novela había sentado un precedente. Fue tan grande la conmoción, que los alemanes llamaron al suicidio "Síndrome de Werther". ¿Qué ocurrió? Algo que siempre ha atormentado al hombre, el ánimo de autodestrucción.

Hay que tener siempre la cabeza en su sitioHace días la OMS ha puesto el grito en el cielo. El suicidio ya es de las primeras causas de mortalidad en el mundo. Supera a los fallecidos en conflictos bélicos y en algunos países a los accidentes mortales de tráfico. Y en Occidente alcanza cifras espeluznantes. ¿Qué le pasa por la mente a un suicida?, nunca lo sabremos por razones obvias. Pero ese sentimiento de autodestrucción siempre ha estado ahí. El problema son las épocas. Unas suponen más caldo de cultivo que otras.

El debate del suicidio no tiene fin y ya los autores afirman que es el gran problema de la filosofía. Es verdad, tanto una parte como otra (detractores y apologistas) pueden encontrar argumentos. Desde Plinio el Joven (61-114) hasta Albert Camus (1913-1960), pasando por la psiquiatría y la psicología ha habido opiniones para todo. Vayamos por partes. En un principio el hombre tiende a vivir como todo ser vivo, entre otras cosas porque tenemos lo que se llama instinto de supervivencia. Pero el Ser Humano es el único animal que tiene conciencia de que va a morir. Esto explica que los animales no se suiciden técnicamente, aunque se dan casos de muertes desesperadas de animales que viéndose en peligro acometen actos de gran Número de suicidios acaecidos en España en el año 2000. Fuente: OMS.riesgo mortal. El problema es que la socialización del hombre hace que a veces el individuo no se acople bien a ella (sociopatía) o que padezca una enfermedad mental (depresión). Entonces la tentación de la Muerte aparece como fin a los sufrimientos. Este es el motor que mueve al suicida en todas las épocas. La nuestra no es menos. Vivimos en la época del materialismo. Eso implica la anulación del individuo y sus sentimientos. Como señaló el escritor español Juan Manuel de Prada, "ya no entendemos nuestros sentimientos". O como adelantó Charles Baudelaire (1821-1867) el progreso es "la disminución progresiva del alma y la dominación progresiva de la materia.". El equilibrio es difícil. Una de las claves son los padres. Hoy en día los padres occidentales han rehusado a su papel de educadores. Sus hijos se vuelven máquinas o vídeo-niños ("Homo videns: la sociedad teledirigida", Giovanni Sartori, Editorial Taurus). El choque con la realidad se torna a veces dramático y termina en la muerte. Según el informe publicado ahora por la OMS, entre los 15 y 25 años está el grueso de suicidios en el mundo. En algunos países, entre ellos España, la cifra aumenta de los 25 a los 44 años para luego bajar y en la Tercera edad aumentar de nuevo.

La psiquiatría responde al asunto aduciendo que es el efecto de una enfermedad llamada Depresión. La solución es, como suele hacer la psiquiatría, la administración de fármacos y algún que otro apoyo. La psicología (freudiana), menos dada a la ingesta de medicina, responde con la creación de nuestro instinto natural de matar (somos animales a fin de cuentas) que originado desde el inconsciente se vuelve contra nosotros. ¿Por qué?, por muchos factores. Entre la cantidad de pensadores modernos, se debe sobre todo a la capacidad de socialización del individuo y a la frustración y logros por conseguir sus aspiraciones. Pero la cuestión es que el síndrome de Werther ataca sin cesar.

Porcentaje de suicidios en el mundo, año 2002. Fuente: OMS.Para muchos pensadores no es tan grave. Para David Hume (1711-1776), el hombre es dueño de su vida. Y por quitársela no entorpecería los planes de Dios (de lo contrario podría Dios evitar esa muerte) y los demás hombres deberían comprender que el suicidio es un alivio para el sufrimiento (base de la Eutanasia). Este razonamiento choca con las religiones que o bien, desafía tal acto a un don de Dios como es la vida, o perjudica nuestro progreso inmaterial). Las cotas más altas en este sentido se alcanzan con el antes citado Plinio el Joven, que coloca el suicidio como un privilegio del hombre, entre otras cosas, porque un dios no puede, lógicamente, suicidarse. No obstante el exceso de sentimiento frente a la vacía y material sociedad actual puede ser peligroso. Los románticos decimonónicos ahogaban sus penas en éter y no dudaban que "ante lo imposible, lo desconocido". Como decía Goethe a través de su Werther, el hombre es imperfecto y cuando un sentimiento o una pasión lo desborda se convierte en una enfermedad". Lo contrario, es lo que dijo Freud "cuando un hombre se pregunta sobre el sentido de la existencia, es que está enfermo". Por eso hay que encontrar el término medio, lo cual cuesta una vida entera. Es ahí donde entramos. Educar, marcar objetivos reales y factibles, relacionarse, integrarse. Pero ojo, no sustituyendo a los padres por el ordenador, a los viajes por las drogas, o a la violencia por el ocio. Sino apreciando lo que tenemos. Si en un adolescente no inculcamos esto, la base para el día de mañana será un desastre. O lo es ya.

En cualquier caso el suicidio conlleva causas biológicas, psicológicas y sociales. No todas las épocas lo han tratado igual, incluso ha sido bien visto (por ejemplo el Imperio Romano con su apologista Séneca). Pero hoy en día se trata más al suicidio como una inadaptación social (Émile Durkheim). Por tanto, ya no es tanto un fracaso de la víctima como de nosotros mismos, la sociedad, que es incapaz de integrar a todos sus individuos. Esta es la reflexión que podríamos desprender. Que sirva de lección ahora que el síndrome de Werther tiene rango de problema mundial.