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FútbolLa Selección ya tiene su polémica
Redacción (NJ) (Jun 12, 2015) Fútbol
Si se pita a Piqué, se pita a la selección, dijo Del Bosque. Y la selección representa a España, así que pitando a Piqué se pita a España. Vaya silogismo, diría Jesús Gil. Pero nadie ha salido argumentando la libertad de expresión de los que pitan a Piqué. Ni eso de «Hay que ir a la raíz de los pitos a Piqué». Del Bosque además ha hablado de «incitación al odio». Hombre, son unas palabras un tanto excesivas. Es como si cuando se metían con Guti hubiera hablado alguien de brote genocida hacia los rubios de bote. ¿Por qué no dijo lo mismo cuando se pitó el himno?

Hay además en del Bosque un énfasis algo cansino en la convivencia y el ambiente. «La convivencia de los chicos ha sido magnífica». Lo dijo en el Mundial cincuenta veces. España tiene que ganar, no convivir. El aficionado podría soportar incluso que los jugadores no se pasasen los cereales en el desayuno. Del Bosque habla siempre del ambiente, como si fuera Ambientador Nacional. Parece que los jugadores se concentran en una granja escuela, en unos ejercicios espirituales y que él va por las habitaciones dándoles un beso en la frente antes de apagar la luz. Pero flota una sensación de injusticia. A los del Barcelona, además, los arropa. Como cuando alguien en verano ha de encargarse de sus hijos y de los hijos de los demás, siempre hay una tentación de consentir más a los del cuñado y a ser excesivamente rígido con los propios. O es eso o Del Bosque es rencoroso como Charles Bronson. O quizás sea un español socialdemócrata perfecto. Como el infierno (el exilio interior) es que te llamen facha, ya pueden quemar una bandera en tu cara o pintarle bigotes a Las Meninas que lo mejor es mirarlo todo con el distanciamiento de un lapón.

Envuelto en estas animadas polémicas, el partido llegaba en un momento extraño. Pretemporada no es aún, es algo así como la post-temporada.

En España la alineación era de tentadero. Estaba bien el equilibrio en bandas de inicio con la verticalidad de Nolito y de Aleix Vidal, debutante y destacado. Parece un Manuel Pablo con más finura.

Se adelantó Costa Rica con un desmarque en banda de Campbell que remató Venegas. Los jugadores españoles sólo miraron la jugada, como si la cosa no fuera del todo con ellos.

Pero hubo reacción inmediata. Un hermoso gol de Alcácer tras meritorio pase de Cesc, de espaldas y al primer toque. En Alcácer brilló la claridad a la hora de buscar la esquina y el vencimiento del portero.

España dominó favorecida por un talante abierto y colaborativo de Costa Rica. No vimos nada de Bryan Ruiz, pero sí cosas de Campbell.

El partido era absurdo. Difícilmente se sabrá si la proliferación de estos amistosos tuvo algo que ver con la presunta red de corrupción de Blatter, pero casi apetece imaginarlo. La única justificación racional para estos partidos estaría en que alguien senil, federativo, con gafas de sol y una secretaria con edad de ser su nieta se estuviera lucrando. Pero lamentablemente es sólo una imaginación. La realidad se reduce a valores y deporte puro. Los aficionados, tediosos hasta el límite de la autolesión, vieron el partido en clave de futuro: qué bueno este Aleix Vidal, quién hará de Xavi, podrá Alcácer con el ímpetu destorilado de Morata... Algunos incluso volverían a meterse en el teletexto.

España se adelantó con un gol de Cesc. Estupendo evolución de Vidal, toque de Nolito y remate del catalán. De Keylor no habíamos visto aún palomitas sino ese gesto desgarbado y de imposible elegancia de ir a por la pelotita. En la segunda parte lo remedió con varios paradones.

Con los cambios entró Piqué y se certificaron los silbidos del público, de parte del público al menos. Estas cosas las aviva también el aburrimiento. Todos estos debates acaban siempre igual: con alguien con micrófono acordándose de Mourinho, como las charlas paranoicas acaban con alguien dudando de la llegada a la luna.

Igual que el Madrid tiene la polémica de Casillas, la Selección puede acabar teniendo la suya. De algo hay que hablar. El partido lo sacó de ahí Silva con tres controles excelentes. Tres pequeñas obras maestras, inútiles y hermosas como souvenirs de bolas de nieve. Y Piqué acabó lesionándose. Algún silbador quizá se sintió culpable.

  
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