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Conocer el IslamPara qué sirve la historia de Al-Andalus
Mª Pilar Zaldívar (Oct 17, 2008) Conocer el Islam
En el último artículo expuse tres líneas historiográficas desde las que se ha estudiado la historia de al-Andalus. Hoy voy a analizar las consecuencias de cada una de ellas: a) La visión de los autores románticos que presentaron al-andalus como un paraíso terrenal, por un lado, tiene la virtud de que atrae y seduce al lector despertando su interés por al-Andalus. Pero, por otro, distorsiona la realidad resaltando lo mejor y ocultando lo peor. Da lugar a la creación de mitos como el del "Paraíso perdido" que son potencialmente peligrosos.

Hay que tener en cuenta que el islam nació como religión del triunfo y que su mensaje dice "triunfa en esta vida y triunfarás en la otra". En apenas cien años el imperio musulmán alcanzó una tremenda expansión geográfica y se convirtió en el principal foco cultural y tecnológico de la época y, sin embargo, en la actualidad este pasado esplendoroso choca con una realidad muy distinta: el mundo musulmán está sometido a regímenes políticos corruptos, sufre tremendos problemas económicos, las tasas de analfabetismo en algunos países son alarmantes... Es tan fuerte el contraste entre las glorias del pasado y las miserias del presente que da lugar a frustraciones que llevan a asociar al-Andalus a un pasado maravilloso y mítico, absolutamente irreal, pero que representa las glorias pasadas.

Estas frustraciones pueden ser muy peligrosas porque el hecho de ver que el pasado fue mejor puede llevar (y en muchos casos así ha sido) a pensar que la solución está en una vuelta a ese pasado, en un retroceso, en hacer resurgir la base, el “fundamento”. De hecho esta palabra “fundamento” (al-Qaeda) es la que da nombre a un grupo terrorista mundialmente conocido. Es decir, esa visión irreal del pasado puede llevar al fundamentalismo.

b) La segunda tendencia, la de aquellos que presentan la historia de al-Andalus como conflicto permanente, tiene la virtud de que aporta una visión crítica. Pero, por otro lado, en su afán por destruir la visión edulcorada del al-Andalus mítico presenta la historia de al-Andalus en clave de conflicto poniendo sobre la mesa lo peor y ocultando lo mejor.

Esto no deja de ser, en otro sentido, una nueva mitificación de la historia de al-Andalus.

La última es la visión más equilibrada, ya que da valor a lo andalusí como elemento constitutivo de los españoles sin ocultar los conflictos y los problemas.

En conclusión, es importante exigir a los historiadores sinceridad, responsabilidad y rigor en el ejercicio de su trabajo ya que, al escribir la historia de al-Andalus, están influyendo en nuestro presente. Es cierto que el mundo andalusí desapareció, pero hay dos elementos que subsisten: lo árabe y lo musulmán. Y hay que tener en cuenta que no es lo mismo hacer historia de una civilización desaparecida porque, aunque nos ayude a explicar mejor o peor nuestro presente, no va a poder condicionar las relaciones en la actualidad.

Todavía hoy, en la conciencia colectiva de los árabes, España sigue siendo un país cercano. Esto se debe a que pervive en su recuerdo la época de al-Andalus y, de la misma manera que he dicho que puede ser peligroso presentar ese pasado de una forma mítica, también es cierto que ese recuerdo nos hace a los españoles los más cercanos al mundo árabe dentro de los países occidentales y nos otorga la posibilidad de actuar de mediadores entre ambos bloques.

Por eso es primordial el análisis que hagamos del pasado andalusí, pues nuestra actuación presente depende en buena medida de nuestra concepción del pasado. La historia no se queda encerrada en los libros ni en las universidades, sino que sale a las calles y se convierte en un producto de consumo. Así pues, el historiador, la historia que escribe y su difusión tienen una función social importante.

Quizá, y tengo la esperanza de que así sea, España esté empezando a asumir esa labor de puente entre dos mundos a la que me refería más arriba y estemos ante la construcción de una nueva época basada en la relación y la colaboración y no en la guerra y el enfrentamiento.

  
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