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Conocer el IslamEl presente de nuestro pasado andalusí
Mª Pilar Zaldívar (Sep 29, 2008) Conocer el Islam
Nuestro pasado andalusí ha condicionado en buena medida la visión que tenemos del mundo islámico actual. No se puede negar que, si algo nos ha quedado de al-Andalus, son diversas visiones acerca de lo que ella fue. No podemos obviar que el legado de al-Andalus empieza por la visión misma que tenemos de ella y todo lo que ha llegado a nuestros días será interpretado y valorado en función de estas visiones. Por eso pienso que es necesario analizar los puntos de vista desde los que se ha interpretado la historia de al-Andalus. Hace falta poner en claro la imagen de al-Andalus porque toda interpretación que hagamos de sus logros y desatinos, de sus virtudes y miserias no será representativa si no sabemos desde qué posición está hecha.

En realidad, puede decirse que de al-Andalus hay tantas visiones como teóricos han trabajado sobre ella, pero para presentarlas aquí las he resumido en tres.

1.- La primera de ellas es la del embobamiento y deslumbramiento ante un pasado maravilloso que da lugar a cantos de admiración irreflexiva y que fue muy propia del Romanticismo y se manifestó tanto en la literatura como en la pintura.

Aún hoy en la Alhambra de Granada se siguen vendiendo grabados del siglo XIX en los que aparece como fondo el palacio y, delante, una maja o escenas propias de la vida cotidiana del siglo XIX. Sin embargo, estas escenas no son sino la excusa para reproducir lo que realmente importa que es el idealizado paisaje que aparece detrás.

En la literatura, una de las obras más representativas de la tendencia a la que me estoy refiriendo es Los cuentos de la Alambra de Washintong Irving, donde podemos encontrarnos párrafos como el siguiente: "Es la Alhambra objeto de devoción como lo es la Caaba para todos los creyentes musulmanes (…) Fue la regia morada de los monarcas moros, donde, rodeados del esplendor y refinamiento típicos del lujo asiático, ejercían su dominio sobre lo que ellos consideraban un paraíso terrestre y del que hicieron último baluarte de su imperio en España."

Como puede verse, habla de lujos asiáticos y paraísos terrenales utilizando un lenguaje que invita a la ensoñación.

2.- La segunda visión es, justamente, la posición contraria, que presenta al-Andalus como una ruptura en el ser y la esencia de la “España eterna”.

Está encabezada por historiadores revisionistas empeñados en desterrar el mito de la convivencia pacífica de las tres culturas y, de un extremo, se han pasado al otro. De la descripción de un mundo paradisíaco hemos terminado en todo lo contrario, en una realidad en permanente tensión y enfrentamiento.

Como ejemplo clásico de esta línea historiográfica podemos señalar La historia de España Musulmana de Dozy escrita en el siglo XIX. Pero podemos aportar nombres de autores que todavía hoy siguen publicando bajo estos presupuestos. Es el caso de César Vidal quien en 2004 sacó un libro cuyo título es ya suficientemente elocuente: España frente al islam.

Estos autores presentan la historia de al-Andalus como conflicto utilizando un lenguaje provocador y de enfrentamiento haciendo afirmaciones como la que sigue: "Habría que decir –y sólo se afirmaría la verdad- que la historia de España es verdaderamente incomprensible sin hacer referencia a su enfrentamiento multisecular, a vida o muerte, con el islam." (César Vidal).

3.- Por último, hay visiones más equilibradas que tratan de dar valor a lo andalusí sin ocultar los problemas a que dio lugar. En esta línea podemos encuadrar, entre otros muchos, a María Jesús Viguera.

El historiador que inició esta línea fue Américo Castro quien señaló la extraordinaria importancia que tuvo al-Andalus como crisol de culturas y elemento decisivo para la aparición de España y, sobre todo, del modo de ser de los españoles. En este sentido, escribía: “Los futuros españoles se hicieron posibles como una ternaria combinación de cristianos, de moros y de judíos. La casta de los cristianos no hubiera subsistido sin el sostén y el impulso de las otras dos, y llegó un momento en el que las tres se sintieron igualmente españolas”. (La realidad histórica de España. Américo Castro. Pág. XX).

  
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