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Conocer el IslamExpulsión de los musulmanes españoles
Mª Pilar Zaldívar (Sep 19, 2008) Conocer el Islam
Quedaron explicados en el artículo anterior los métodos represivos utilizados por el cardenal Cisneros para lograr las conversiones al cristianismo. Los continuos atropellos se saltaban sin ningún pudor los acuerdos firmados con Boabdil antes de la entrega de Granada y eso provocó en 1500 el levantamiento popular del barrio granadino del Albaicín, que se extendió y terminó convirtiéndose en un alzamiento masivo que tuvo importancia en las Alpujarras y que llegó hasta Ronda y Almería.

Los Reyes Católicos respondieron a las revueltas con más represión y consiguieron sofocarlas al año siguiente. El conde de Tendilla, que fue quien encabezó la represión, solicitó pasar a cuchillo a todos los sublevados, pero los reyes optaron por obligarlos a bautizarse para que, aunque no lograran que ellos se convirtieran de corazón, consiguieran que sus hijos fueran buenos cristianos.

Esgrimieron como argumento que, al sublevarse, los mudéjares habían contravenido los acuerdos firmados en 1492, así que coligieron que ellos también podían saltárselos y obligaron a bautizarse a todos los musulmanes, excepto a los varones menores de catorce años y a las niñas menores de doce.

A partir de su conversión (sincera o no), los mudéjares dejaron de llamarse así, y se les aplicó el adjetivo de “morisco”, claramente peyorativo en la época.

Los moriscos nunca llegaron a ser asimilados por la sociedad cristiana y esta falta de integración empezó a verse como algo peligroso a partir del reinado de Felipe II, cuando la amenaza turca apareció en el Mediterráneo.

Eran evidentes las simpatías de los moriscos españoles con los enemigos y las autoridades del país dudaban (con toda lógica) de la sinceridad de sus conversiones, así que se empezó a percibir la presencia de los moriscos como un riesgo, ya que se temían sus posibles alianzas con las fuerzas extranjeras.

Se pensó en varias ocasiones en expulsarlos de España, pero los intereses de la nobleza (especialmente aragonesa y valenciana), que se beneficiaba de sus baratos servicios en la explotación de sus tierras, lo impidieron durante largo tiempo.

Sin embargo, en 1609 llegó el temido decreto que obligó a los moriscos a salir de unas tierras que consideraban suyas, como así lo atestigua el testimonio de uno de ellos que, indignado, exclama: “¿sabes que estamos en España y que poseemos esta tierra ha novecientos años?”

  
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